viernes, noviembre 27, 2009

Entierro TV


Me levanté esta mañana y, como en la mayoría de las que puedo disfrutar tranquilo y sin urgencias de compromisos, me entregué un rato a desayunar algo rico y a los encantos de la compañía de los canales de noticias...
La alegría me duró poco.
Si había un final previsible era éste.
TN, C5N, Crónica, América 24 y Canal 26 televisaban exactamente lo mismo, formando una especie de cadena nacional asfixiante. El noti-espectáculo de la mañana era la transmisión en vivo y en directo del entierro de Sandra Almirón, la maestra asesinada ayer en Derqui.
Aquí es donde se me ocurre pensar dos cosas: en primer lugar: nunca debió haber llegado a existir esto de canales de TV las 24 horas. Y en segunda instancia, ¿qué carajos de criterios periodísticos se están usando en TV? Lo sé. Una cosa desemboca en la otra.
Escuché atentamente al hermano de Almirón. Era una voz necesaria, claro. ¿PERO DONDE ESTABA LA NECESIDAD DE TRASMITIR EN DIRECTO DURANTE 30 MINUTOS Y POR 5 CANALES UN CORTEJO FÚNEBRE DE UNA PERSONA QUE NO ES PUBLICA? No había nada noticiable allí que valiera semejante tiempo. No había más declaraciones. No había más noticias. Se transmitió por un tiempo increíble en cadena nacional un desfile de coronas y de gente llorando, ¿PARA QUE?
Una respuesta es posible, que va más allá del simple morbo que a veces le gana la batalla al Periodismo. Es la obligación de llenar espacios las 24 hs. No hay nada para mostrar, mostremos algo, mostremos esto. Mostremos mierda.
Ahora que lo pienso, se me ocurre una idea genial. Voy a poner en el cable un canal de entierros y tanatología de 24 hs.

martes, noviembre 24, 2009

Dame fuego

Como artista, Sandro nunca fue de mi agrado. Es más, al estar escribiendo estas líneas no deja de sorprenderme el hecho de que sea, por lo menos, el motor de estas, mis palabras.
Sin embargo, debo reconocer que su caso –su trasplante- me encuentra más que interesado por estas horas. Detengo mi atención en los partes médicos y no deja de alegrarme su evolución.
Como contraste, me encuentro con gente a la que le molesta la exposición del caso y no son pocos los que desconfían –deporte argento- de la aparición de los órganos que finalmente le trasplantaron.
Mi análisis –o emoción- va un poco más allá. Lejos de molestarme la exposición del caso, la celebro. Como también celebro que se sume en estas horas la difusión de la gran evolución de Pilar Chávez, la chica de 19 años que el fin de semana pasado recibió su segundo trasplante de hígado. Los medios, en estos casos, están jugando una labor importante: difunden historias de vida. Difunden historias de trasplantes. Difunden, con sus intereses y errores, historias esperanzadoras y de conciencia.
Los que critican la exposición mediática interesada (lo hacen sólo porque es Sandro, esgrimen) tal vez tengan razón en ese punto, pero no deja de ser una mirada sesgada. Los medios siguen su lógica comercial, le dan una cobertura mayor al caso por tratarse de una personalidad pública.
Quienes reparan en esto, debieran analizar también que mucha otra gente(fans o no) han conocido detalles de la situación de la donación de órganos en la Argentina que tal vez no hubieran conocido de otra manera. Aquí se mostraron en detalle operativos, esperas interminables, agonías, cansancios, esperanzas, temores, mezquindades, altruismos… Y sumado al paralelo caso de Pilar hicieron esta semana un combo formador de conciencia muy interesante.
Aquí el fin, buscado o no, justificó a los medios.

viernes, octubre 16, 2009

Julia (I)


Julia me quebró cuando me preguntó ¿tienes hambre?, extendiéndome su mano con un sándwich que ya llevaba comido la mitad. Hacía instantes nada más el sol había caído a pedazos sobre todo el verde que hay al dejar atrás Burdeos. Los dos habíamos subido al micro una hora antes en ese remedo que hay como estación atrás de la Gare Saint Jean.
Yo ya la había visto, llegué antes que ella a la parada y era imposible que pasara desapercibida. Venía acompañada por seis o siete chicos más y los abrazos y los gritos hacían que los pocos que esperábamos giráramos la mirada hacia ellos. Julia no es alta. Y lo era aún menos al lado del pibe que parecía estar más atento que el resto a su despedida.
Aburrido como estaba y con el culo helado de estar sentado sobre un murito de cemento, se me ocurrió como entretenimiento modesto ponerles nacionalidades a Julia y sus amigos.
Una flaca con anteojos y ojos celestes, muy blanquita, que esperaba con un tipito también muy flaco me hicieron pensar que obviamente eran franceses. El era muy francés cuando le miré los pies, que iban sin medias con toda su blancura y venas azuladas metidos en un par de mocasines. Ellos parecían muy paternales con Julia, a pesar de que parecían parejos todos en cuanto a la edad. Había un negro también. Imaginé que era francés y que viajaba. La chica de calzas marrones y remera larga con la inscripción “I love my boy” era española. No me dejó adivinar nada porque cuando vio a Julia gritó con mucho acento andaluz un “que passsa guaaapa”. Su “boy”, por ende, también tenía altas posibilidades de ser español. Entre tanto, el chico que acompañaba a Julia parecía un robot y le llevaba por lo menos tres cabezas. Me sorprendió la rectitud de todos sus rasgos y la impotencia que irradiaba, pero que a la vez pretendía trasnmitir que tenía todo bajo control. ¿Sería el novio de Julia, o por lo menos algo asi?.
Julia hablaba español y las veces que intercalaba el francés lo hacía despacio y seguidamente miraba nerviosa la reacción de su interlocutor. Las palabras parecían ser más rápidas que su comprensión del idioma.
Minutos después finalmente llego el micro que venía de Paris. Partimos. Un rato más tarde, hablamos…

La noche que la matamos


* Por esas cosas accidentales de la vida mandé este texto hace unos meses a una selección de la Editorial Dunken. Vaya a saber que tendrían en la cabeza estos tipos que a pesar de todo lo eligieron para participar del libro de cuentos “Manos que cuentan”, publicado este año. A modo de autohomenaje, autobombo y demás autos, aquí lo reproduzco.

La noche que la matamos

Una noche inspirada de junio te lo propuse sin que te dieras cuenta. Llevaba meses mirándote e imaginando como sería estar cara a cara para ofrecerte ésto. Quería ser sutil para no asustarte, pero era demasiado trabajo para mis propios miedos.
Esa noche, menos mal, la suerte estuvo de mi lado y todo pasó muy rápido. De repente me encontré sobre tus ojos y aguantándote la mirada.
Semejante sociedad criminal merecía nacer así de intempestiva y al amparo de los primeros fríos del invierno. Las palabras, letra por letra, fluyeron como nunca y llegaron exactamente adonde yo quería que llegaran. Te convencieron, te gustaron y te halagaron. En ése orden. Sí, me dijiste de manera nada consciente, estabas lista para ayudarme a cargar con todo ese peso. Juntos, o, más bien con tu ayuda, yo estaba pronto para tomar el hacha y cortar con furia para matar de una vez a esa vieja hija de puta y castradora que es la palabra imposible. Palabra bastarda, sin identidad propia, parasitaria de otra mucho más humana y activa.
La amputación fue todo un éxito, nos dijimos con la mirada. La dividimos y sangró poco, porque ni ese fluido le corre por dentro a esa palabra de mierda. Nos reímos de todo y de todos. Lo festejamos mucho, pero sin saber que era un triunfo pasajero. Por un momento creímos, o me hiciste creer, que la misión estaba cumplida.
Unos minutos después, aún con la incredulidad en cada yema de mis dedos, te estaba recorriendo de norte a sur. Nos cominos los cuerpos para no dejar rastros: el tuyo, el mío y el de ella, letra por letra, con una copa de vino tinto. Esa noche, el mundo fue un lugar inigualable.

domingo, julio 05, 2009

Como llegué a Twitter


Llegué a Twitter luego de pasar por dos estados bastante antagónicos. Ahora hace dos meses que cuento con esta herramienta y su uso ya me despierta alguna que otra reflexión. Vamos por partes, hoy voy a contar como llegué hasta aquí.
Hace un tiempo bastante considerable me enteré de la existencia de twitter. El climax de conocimiento lo experimenté cuando los medios argentinos comenzaron a darle mucha pelota a la vida de Barack Obama. En ella, parece, entraba este utensillo. Hasta ese momento me generaba risa y me parecía más de lo mismo que abunda en la net: o sea un vomitadero electrónico para egocéntricos apasionados en revelar sus vidas a diestra y siniestra. Sólo la consigna de contar lo que estás haciendo en 140 caracteres me parecía hilarante y pelotuda en doble mano, para quien contaba y para quien leía eso.
Al segundo estado llegué pocos días antes de abrirme una cuenta. Leí por ahí que periodistas deportivos del diario La Nación cubrirían no sé que partido importante por este sistema. Entre ellos tipos como Gantman y Arcucci, que siempre es bueno prestarles atención. Ahí me picó el bichito y pensé que podía tener usos periodísticos muy interesantes y el concepto mismo de “microblogging” era alentador. Parecía un lugar no sólo dispuesto para experimentar el envío-recepción de noticias instantáneas sino también para “postear” ideas sueltas que, o no merecían mayor desarrollo en el blog, o podrían servir de engendro para artículos mayores. Por eso decidí entrar y ver que onda. Dos meses después estoy en condiciones de analizar que es Twitter, por lo menos para mi y por ahora. En otro post lo cuento.

viernes, enero 16, 2009

Más anitas y menos marías


Como si fuera hecho a propósito, esta semana las dos tenistas más lindas del mundo mostraron su verdadero carácter a la hora del amor. Hablo nada más ni nada menos que de dos hermosos minones como son la rusa María Sharapova y la serbia Ana Ivánovic. En ellas, tal vez, reconozcamos a todo el mundo femenino y ya verán porqué.

La rusa de los gemidos estridentes (en la cancha, claro) fue consultada en una entrevista sobre sus preferencias a la hora de elegir un hombre. Sincera a más no poder la rubia no se ruborizó al reconocer que le gustaban “los hombres con mucho dinero” .Y que esa condición determinaba en gran medida sus elecciones. Sharapova, por mucho que la abucheemos desde esta tribuna virtual, se lleva el premio a la honestidad. Blanqueó lo que para muchas es un verdadero dogma: billetera mata galán.

Anita Ivánovic, en cambio, explota muy bien el factor sorpresa. Se nos apareció entre las preferidas hace relativamente poco, cuando empezamos a notar sus triunfos y que quien los obtenía era una linda morocha. Es aún una cara nueva y que vino a romper con el monopolio rubio-ruso muy bien ostentado hasta ahora ,primero con Kurnikova y ahora con la interesada Sharapova. Y ssí de sorpresiva también fue su reacción cuando la semana pasada un ball boy le pidió casamiento en medio de un partido, sí, así como lo leen.

La chica de los balcanes, sonriente, le respondió como una reina: “Gracias,pero no, tal vez en un futuro”.

Y desde acá le pedimos al cielo más anitas y menos marías.

lunes, enero 05, 2009

La meta es que no haya meta


No quisiera, a cinco días de recién comenzado, pelearme con el 2009. No tengo nada personal en contra de este año/número, pero si con las molestias que ocasiona el principio de un nuevo año. Una de ellas, tal vez la peor, parece ser la obligación en que sumerge a las personas de “fijarse metas” a cumplir hasta el 31 de diciembre más cercano. Bien, desde este humilde espacio en el cyberespacio pego el grito ante tan arbitraria obligación. A la pregunta, generalmente bienintencionada, de “qué metas tenés para este año” mi respuesta sería algo así como: “no tengo ninguna en especial”. Y para el mismo interrogante, pero munido de un poquito de mala leche, mi respuesta es: “¿Dónde carajos esta escrito que uno deba plantearse metas obligado por una vuelta de página de almanaque, eh? Además pierde seriedad si ese almanaque, por ejemplo, es el que regalaba la semana pasada la fábrica de pastas de acá enfrente. Así cualquiera también le pierde respeto al tiempo.
A esta altura estarán pensando que esto no es más que un recurso histérico de alguien que no tiene metas y que se ve acorralado por la andanada social de gente con objetivos anuales, que por lo general tiene su punto de ebullición desde antes de navidad hasta ahora.
Pues no. De ninguna manera se esconde un conformista detrás de este teclado. Y somos muchos.
Es simplemente que las metas y los objetivos deberían estar siempre vivos y en constante búsqueda. Me suena un poco tonto tener que fijar su búsqueda a partir de un primero de enero o que estén circunscriptos, por ejemplo, a 2009.
Para finalizar les mando un abrazo a modo de saludo por las fiestas a todos aquellos que si se fijan metas para este período. Siempre es mejor alguien con motivaciones que sin ellas. Aunque el almanaque de la fábrica de pastas les maneje la vida.

¡Feliz Año Nuevo!

domingo, diciembre 21, 2008

Felicitaciones

¡Y un dia el tal Molina ganó las elecciones y fue Presidente de Racing! ¡Congratulations!

jueves, diciembre 18, 2008

Consejos de difusión ¡y grátis!


Para vos, incauto lector que vas por el mundo sin saber estas cosas fundamentales para la sociedad, te cuento que el próximo fin de semana hay elección de autoridades en el Racing Club de Avellaneda. ¡Paren las rotativas! Pero la verdad que esto como tema es muy poco interesante y este autor no tiene la más mínima gana de comentar algo asi…
Sin embargo, hay un componente que transforma en bizarro este tema y puede generar carcajadas, como lo hizo en mi. Me refiero concretamente a la forma (y/o canales, sabelotodos) de publicidad que han elegido esos casi neo apóstoles que van por la presidencia del club que mas hinchas a matado a lo largo de la historia a causa de disgustos. Aquí va una muestrita de lo que he visto en los últimos días.

*Un tal Rodolfo Molina puso semejantes cartelones en alguna esquina de la ciudad como la de Viamonte y Pueyrredón. En dicho cartelón se lo ve a este tío Molina con su mejor cara de justiciero y la leyenda “Los pibes no se venden”.
(PD: hay que avisarle a esa gente que coloca la publicidad que los que venimos por Viamonte quedamos con el cuello duro de mirar para arriba)

*Hoy a la mañana ví un afiche también de este tío Molina (de gran inversión publicitaria a esta altura) en la luneta de un taxi. Más escueto el mensaje, solamente un “Racing: Molina presidente”. (hasta creo me dieron ganar de tomar ese taxi o “molinamóvil”)

*Pero Molina no es el único, dejémoslo ya en paz. En un bar de la calle Tucumán, justo en una esquina, también hay pegado un importante afiche que dice “En Racing D´Aquila Presidente”. Y aparece la foto de este mono muy parecido al filósofo Alejandro Rozitchner. (voy a ir a comerme un tostado para preguntar porque no les gusta Molina)

*El tercer candidato del que tengo conocimiento de algún tipo de difusión es el ilustre calvo y ex presidente de ese club, Daniel Lalín. Un amigo me contó que este personaje hizo un spot donde se lo puede ver “cabeceando un redoblante y metiéndolo en el ángulo de un arco, ergo, gol”. Para los incautos: alguna vez (y esto es real) a Lalín le tiraron un redoblante por la cabeza y le magullaron un poco la pelada.

Algunas ideas que aporto desde mis vastos conocimientos comunicacionales para los candidatos. ¡Y lo hago grátis eh, por el bien de un club del que no soy hincha¡:

1) Que dejen un piloncito de volantes (hacer muchos por fotoduplicación) en los comercios del barrio.

2) Pedirle al diarero amigo que meta de queruza algún volantito adentro del diario del domingo

3) Arrojar volantes -los que queden, a esta altura- sobre el centro de la ciudad desde un helicóptero (esto requiere un fuerte inversionista)

4) Contratar cuatro o cinco muchachos que se disfracen de urnas con la casaca de Racing en esquinas claves de la ciudad. (si alguna vez se disfrazaron de empanadas tanto mejor, la experiencia siempre suma)

5) Sábado por la tarde a la hora de la siesta alquilar un rastrojero con un señor mayor con megáfono que vaya gritando… por ejemplo… la consigna de Molina: “Los pibeeeeesss no se veeeenden, ¡En Racing vote Molina presidente!

6) Hacer Spam por correo electrónico. No preocuparse si no se tienen listas de mails. Hay muchos “jorgeacadearrobahotmail”, etc

En fin, este es mi humilde aporte a la grandeza del fútbol argentino.

sábado, noviembre 08, 2008

La culpa siempre es de ellas


Efectivamente, la culpa de todo parece ser de las mujeres. Esta semana, según cita el diario El Cronista, se conoció un estudio realizado por la Superintendencia de las AFJP (SAFJP) sobre las causas que llevaron a la gente a optar por el régimen de jubilaciones privadas allá por la década del 90. Sorpresivamente, según revela el estudio, una de las causas más influyentes fueron las curvas de las promotoras a la hora de convencer a los trabajadores sobre la conveniencia de la opción privada. “El físico de las promotoras, junto a las estrategias publicitarias más ingeniosas, pesaron más en las decisiones que la buena inversión de los ahorros previsionales. Parece una broma pero fue así”, admitió, secándose la baba también, un funcionario de la SAFJP a ese diario.
En el otro polo, y para que no se me empiecen a enojar y fugar lectoras, les cuento que un neurocientífico argentino de la Universidad de Leicester, Inglaterra, bautizó con el nombre de Jennifer Aniston a un tipo de neurona que se comprobó se "activa o dispara" cuando pacientes epilépticos ven una de sus fotos. "Mostramos varias imágenes de famosos, animales y lugares a pacientes que no responden a la medicación y que son candidatos a cirugía de epilepsia. Así comprobamos que un tipo de neurona respondía muy fuerte cuando le mostrábamos a determinado paciente la fotografía de la actriz para después no responder más a fotos de otras personas", le aclaró el científico a la agencia DPA mientras también secaba su propia baba.
Un machista amigo mío concluyó, atendiendo al primer caso, que no le sorprende lo de las promotoras porque las mujeres suelen quedarse con nuestros ahorros… Yo, sin embargo, atendiendo al segundo caso, pienso que no me sorprende que una mujer nos quite todos los males…

martes, noviembre 04, 2008

La velocidad del curro


La lapicera, el dulce de leche, el colectivo, el alfajor Guaymallén, el gol de Maradona a los ingleses y el curro. Todos inventos de nuestra prolífica capacidad argentina de generar cosas y, por qué no, de estar a la vanguardia. De todos estos aportes a la humanidad hoy quería repasar el que menciono en un último lugar (no sé sinceramente porqué le di ese lugar). El curro.
Decir que el curro no tiene límites en Argentina es señalar algo tan obvio como que este blog no lo lee nadie. Igualmente no deja de sorprender la inventiva y la capacidad de reacción de nuestra gente ante los nuevos tiempos que siempre son casi avasallantes. A menos de diez días de la estatización de las jubilaciones hoy frente a mi ventana amaneció un pasacalles con la leyenda: “AFJP. Reclamos. Tel. XXXX-XXXX”. Esto significa que ya hay un ejército de abogados y gestores esperando deseosos una avalancha de reclamos judiciales por la medida. Todo sea por rascar un mango de donde sea.
Brindo por la rapidez de estos buitres ventajeros y por nuestro ser nacional, si es que existe.

sábado, noviembre 01, 2008

Un mundo Sprite


La mañana del jueves era la mejor del año. El sol estaba con todas sus ganas de compartir en soledad su espacio con un cielo celeste tan limpio que seguramente se había bañado para la ocasión. Nada de nubes, sólo ellos dos. Sol y cielo. (tienen nombre de mujer, recién me avivo) Y a mi esa intimidad que se profesaban me ponía de buen humor, más allá del calorcito que empezaba a hacer.
El bienestar de cuerpo y alma no me duró mucho. A bordo de una moderna y silenciosa unidad de la línea 44, llegando a la esquina de San Martín y Trelles lo vi. Un tremendo cartel de publicidad de Sprite con una de esas frasecitas que por lo general me causan gracia (más en la voz de Lanata).
Pero en esta oportunidad me pareció de mal gusto.
El afiche mostraba a una flaquita muy flaquita y bastante bonita, caminando con gesto inocente y chocándose un cucurucho de helado de frutilla en la frente. Gesto típico que simboliza idiotez muy bien utilizado por estos genios de la publicidad. Al costado, un poco más atrás, como viéndola pasar, estaba un flaquito con otro cucurucho en la mano y su peor gesto de quedar pasmado ante el paso de esta linda bobalicona. La frase que titulaba la publicidad decía un brutal “NO TE IMPORTA LO DE ADENTRO”, con el consabido remate ya clásico de “Las cosas como son”.
Y si las cosas son así, realmente son una mierda, Sprite.
En el colectivo, frente a mí, justo cara a cara, viajaba una chica obesa. Ella leyó el cartel casi al mismo tiempo que yo y nuestras miradas se cruzaron dos segundos. Ella bajó la vista.
Yo bajé la guardia…
¿Es realmente necesaria esa publicidad? La frase intenta ser graciosa y pasa a ser hiriente. Seguramente alguno me dirá que me hago el moralista y que yo también puesto a elegir me quedaría con la bobalicona y no con la obesa. Y no es así. En primer lugar porque no creo que la elección sea necesariamente esa. Tal vez no elija a ninguna de las dos. Pero lo de adentro si me importa y, por suerte, como a muchos.
Lo que realmente me duele de esa publicidad es la canchereada del mensaje. Es legitimar descaradamente la frivolidad. Es sacarle culpa al que piensa así porque socialmente está aceptada la supremacía de lo físico por sobre cualquier otra cosa. Es decirle a esa chica obesa que no tiene presente. Que todos en el mundo somos una lacra y que por eso mismo no nos importa su adentro y menos su afuera. Es decirle que no sueñe con una recuperación porque igual no vale la pena.
Tal vez Coca Cola no haga más que ser coherente con su forma de ver el mundo y de simbolizar este sistema.

miércoles, octubre 08, 2008

Luchas inútiles


Hay cosas contra las que definitivamente es inútil luchar y uno se ve y se siente como Cervantes al ver a su Don Quijote peleando contra molinos de viento. Con vergüenza propia y ajena, pero no sin admiración.
No se trata tanto ya de rivales y problemas imaginarios. Aunque si así lo fueran daría lo mismo. Problemas imaginarios o reales es sólo una clasificación subjetiva y, por lo tanto, antojadiza. Lo realmente importante es que parecen la única forma de hacernos caminar y de bullir la sangre. Por lo tanto no es vulgar reconocer que dan fortaleza, aunque ésta salga muy cara y la conclusión ésta mas parezca extraída de un libro berreta de autoayuda.
La fortaleza, mientras tanto, parece tener un par de misiones. La primera es hacernos mas resistentes, mas cascarudos. Es como tener un paraguitas. Lo que hoy es malo mañana puede ya no serlo tanto.
La segunda, es darnos la capacidad de ayudar. Lo interesante acá parece orientado a tender una mano al otro que está pasando por la misma situación. Por hacer la ruta que uno ya ha hecho.
Tal vez ésta segunda misión sea el centro de la existencia.

jueves, septiembre 18, 2008

Ella, él y ese


Parece que hay noches que están especialmente diseñadas para encontrarse con uno mismo. Basta hablar con ella, con él, con ellos, o con ellas para dar con la verdadera esencia de uno mismo. Una esencia que es más que pura mística o que una linda página de un libro. Es algo real que cuando lo percibimos nos da satisfacción aunque esa esencia nuestra no sea la que siempre soñamos. El hecho de haberla encontrado es en si una caricia en medio del frenesí. Está ahí, es ineludible como un destino y visceral como un rechazo profundo.
Todo eso había sentido y pensado él sin saberlo en la noche en que ella le contaba sobre su nuevo amor. Ese, tan diferente a él. Ella martillaba esa diferencia sin saberlo con cada palabra: ahora ese le devolvía las ganas de creer que la vida no es sólo un cúmulo de realidades que nadie quiere ver, que nadie quiere escuchar y de las que nadie quiere hablar. Ese es, justamente, tal diferente a él y a su mochila de palabras que no se callan y a sus acciones carentes de estrategias, muy urgentes y desgastantemente intensas. Ese es exactamente igual a todos y le encanta serlo, en eso se le va la vida. Es uno más que ha elegido el camino tradicional para llegar a ella, el del suspenso de novela romántica berreta, el de la mirada lejana, el del encuentro postergado, el del beso que se dilata, el de la mano que no toca, el del sexo que no se nombra y menos se hace, el de la boca de las palabras convencionales y cursis, conscientemente cursis.
Ella se había quedado con ese.
El se durmió aferrado a su esencia.

sábado, agosto 16, 2008

El Bar de Faryd


Nada mejor que la palabra parroquiano para describir a los habitantes del bar de Faryd. Ellos son pocos pero distintos y se las ingenian a toda hora para hacerse un lugar en la barra de esa esquina parisina del Arrodisement 11. El lugar es amplio y preparado para recibir a grandes cantidades de gente, que finalmente nunca llega. Todo parece quedar resumido en aquella barra donde desde muy temprano conviven las copas de cerveza, las aceitunas y el “café au lait” con crema con el infaltable ejemplar de L`Equipe.
Todo, bajo la atenta mirada de los botellones de Campari y Martini que llevan siglos sin tocarse. La misma suerte seguramente llevará la mini estatua de Zinedine Zidane que mira desde atrás con su pie congelado sobre la pelota.
En el bar de Faryd todos están contentos. La rubia que sirve el café saluda todas las mañanas con un sonoro “bonjour” asociado a una sonrisa devastadora. Quienes van llegando no se pierden ese espectáculo para arrancar el día recién ahí.
De golpe llega Faryd a los gritos y abriendo los brazos ampulosamente. Faryd es un tipo grueso y pelado que le encantan los extranjeros e intentar hablar con ellos su lengua aunque la conversación termine siendo tan agradable como infructuosa. Faryd es comprador y hospitalario y sabe que su forma de ser es, además, un buen negocio. No hay un extranjero que se pueda escapar de allí si lo que buscaba era un desayuno o una cerveza. El se las ingenia para que se quede y encima, vuelva.
Faryd es el jefe y se nota, aunque no por eso necesita romper el clima de esa burbuja con forma de bar. Para comprobarlo basta escuchar su voz potente cuando suena en la radio la versión francesa de “A mi manera”. Faryd es, precisamente a su manera, el párroco para los parroquianos de su bar.

jueves, junio 12, 2008

Se llama Madrid (I)


Madrid es una mina con mucho carácter y caderas a medida de mis manos. Al momento de conocernos me agarró con las defensas bajas, como les gusta hacer a las minas con carácter.
Aterricé en Barajas sin la expectativa que alguna vez imaginé que tendría el día que pisara por primera vez otro continente. Las horas de vuelo y la cadencia de la nada que contagian los aviones me hicieron blindar contra cualquier artilugio de la emoción.
Como bien corresponde a esta clase de mujeres me hizo saber vertiginosamente que conocería de movida lo peor de su carácter. A metros de la puerta del avión, en la manga del aeropuerto, un policía vestido para ir al Golfo Pérsico acompañado por un perro grande y deforme que olía y miraba de lejos me dieron una bienvenida extraña. El día nublado, seguramente, me hizo pensar que el perro olfateaba droga y el policía, necesidades. Una impresión similar me llevé minutos después en migraciones a partir del momento en que el cartelito amarillo me indicó que podía pasar por uno de los mostradores mezcla de caja de supermercado con una de banco y puesto de peaje. Elevado física y espiritualmente detrás del pequeño altar primermundista me esperaba un español medio, de ojos claros y el gesto típico de quien hace una tarea que le deja secuelas cuando vuelve rumbo a su casa. Cual ridículo juicio exprés tuve que “probar” que mi intención no era hacerme con el paraíso europeo sino todo lo contrario: dejarles mi modesto purgatorio mensual actual y de los próximos tres años en sus arcas turísticas para volver con el rabo entre las patas al Tercer Mundo.
Finalmente, vencido pero aliviado con su sello me abrió las puertas de España y de un continente.
Con ese primer contacto, Madrid, feliz de lograr sus objetivos, quería aún probarme un poco más para asegurarse de mis sentimientos.

miércoles, mayo 07, 2008

El Mensaje



La señal me marcaba que tenía un nuevo mensaje en el contestador. Lo escuché. La noche no era ni la mejor ni la peor, pero el clima invernal le restaba algunos puntos y no era apta para esos espíritus sensibles que se dejan atormentar ante la caída temprana del sol. El mensaje de mi contestador era equivocado. No era para mi. Estaba a tono con esos espíritus sensibles. La voz era triste, de una mujer grande. Le contaba a una amiga las peripecias de un viaje problemático, del porqué no llegó hasta su casa a visitarla. Por un momento pensé que la mujer se iba a largar a llorar. No lo hizo. Estuvo a punto y se contuvo. También se me cruzó por la cabeza el rostro de esa mujer. Mi imaginación me sacó la lengua, me hizo un chiste. Ante mi se apareció la cara de Soledad Solari, el personaje de Antonio Gasalla. La mujer seguía hablando. El mensaje era largo Un viaje en colectivo, ataque de pánico y visita frustrada. Era un monólogo incómodo, desesperado, necesitado. Era la voz de la debilidad. Para colmo también se equivocó con el destinatario. No lo recibió la amiga, lo recibí yo, un testigo impotente de su angustia. ¿Cuánto le habrá servido hacer ese monólogo? ¿Cuánto se habrá descargado? Seguramente algo, por eso lo hizo. ¿Cuánto servirán estás líneas sin destinatario?

domingo, abril 06, 2008

Lo que D´Elía nos dejó


Como últimamente estoy medio perezoso para escribir y algún que otro amigo pide que diga algo con respecto a todo este barullo del campo, es que voy a pegar unos parrafitos de una nota de opinión que salió hoy en La Nación. Está muy bueno encontrar el pensamiento de uno en las palabras del otro. ¡Y encima ahorra trabajo! ¡Chapeau!

Diego.


Lo que nos enseñó D´Elía

Por Ariel Armony
Director del Goldfarb Center, dentro del Colby College, en el área de estudios latinoamericanos


“…Hay que examinar las palabras de D’Elía con mucho cuidado. Su apelación a la violencia es inadmisible. No queda la menor duda. Nunca más deberíamos escuchar este tipo de desbordes, ya sea en los medios de comunicación masiva o en la intimidad del hogar. Pero una parte de las declaraciones de D’Elía, la que menor atención ha recibido, conlleva un significado muy importante. “Sépanlo de mi boca –dijo el ex funcionario–. Ustedes piensan que nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie.” La dolorosa realidad es que D’Elía, cuando dice esto, tiene razón…”

“…La Argentina intenta seguir viviendo la ilusión de ser un país racialmente homogéneo, mayormente europeo y, por ende, blanco, donde la discriminación no existe. Es lamentable que los exabruptos de un individuo como D’Elía sean los que nos digan a los gritos que la Argentina no es ese país que muchos se emperran en seguir imaginando.
De la crueldad de los chistes (“¿Cuánto tarda una boliviana en sacar la basura? Nueve meses”) a la crueldad de la arquitectura (el baño de la “habitación de servicio” que no tiene conexión de agua caliente). De las pésimas escuelas en innumerables pueblitos del país a los colegios privados que piden una “foto familiar” como parte del proceso de admisión. Del apartheid en los ascensores de cientos de edificios al valor casi inexistente de la dignidad de una niña violada en una provincia del Noroeste. Esta es la realidad que subyace al comentario “nosotros somos inmundicia, escoria, barbarie”….”

“…Sin embargo, no puedo creer que una persona con un mínimo de dignidad y contacto con la realidad pueda dudar de que la Argentina es un país en el que las divisiones entre “blancos” y “negros” (por más difícil que sea distinguir a veces entre unos y otros) son reales y tangibles…”

“…Nos guste o no, Luis D’Elía es parte de quienes somos. Es parte de la Argentina. Como tantos otros matones asociados a la política, representa a un país que continúa resolviendo las diferencias por medio de la violencia, la agresión y las amenazas…”

jueves, febrero 28, 2008

Ese final


No le quedaba más remedio que caminar para sacarse ese estado desagradable que tenía en todo su ser. Los árboles de Parque Rivadavia lo vieron pasar y hasta parecieron respetar las cavilaciones en que iba inmerso. Si alguien le hubiera preguntado en ese momento que sentía, casi con seguridad que como respuesta se hubiera llevado nada más que una mueca de esa cara inexpresiva. No había palabras, no había formas de explicar aquel desconcierto en el que se hallaba sumido. Sólo sabía, y esto lo tenía bien en claro, que acababa de escuchar el final de una historia que resultó ni buena ni mala, la conclusión de un cuento que merecía un final redondamente feliz o, en el peor de los casos, haberse encontrado de frente con la palpable rugosidad de los acontecimientos maltrechos. Nada de esto pasó. Sólo escuchó un final. Por esa misma razón no tenía bronca, dolor ni amargura. Muchos menos felicidad. Ningún sentimiento de esos que son comunes a todos cabía en su cuerpo. Ese vacío era mucho peor que cualquier herida.